Qué tan diferente puede ser el mundo cuando enfrentas todas las posibilidades que te ofrece? Había un par de muchachos que solían jugar al nintendo cuando se encontraban. Por azares del destino pertenecían a la misma familia y tenían en su vida menos de un semestre de diferencia. Los dos crecieron jugando al futbol, y la habilidad de ambos iba muy ligada con su desarrollo físico, más que con la habilidad misma. Nadaban juntos, jugaban juntos y se contaban lo que pasaba con sus secretos. Compartían noches y días creciendo, sólo eso. Juntos descubrieron extrañas rutinas y juntos compartieron a la primera chica de sus vidas. A pesar de lo parecidas que puedan ser ambas vidas, parece que en algún momento algo fue distinto. Del último recuerdo con él ya pueden pasar casi diez años. El presente es distinto. En algún momento del camino, alguien se casó y tuvo dos fantásticos niños. El otro simplemente se fue. ¿Qué es mejor?, ¿qué es distinto? No lo sé, sólo son dos ramas de un árbol que en algún momento se dividió.
He despertado con la misma ansiedad de cada mes. Atrapado en la misma botella. Estoy cubierto, estoy desnudo, no importa. Conozco ahora la rutina sobrevivir a lo que hay afuera, aunque nunca vaya a salir. No hay diferencia o distancia, cuan grande o pequeño sea el camino. Sigo siendo un momento, una señal, un punto. Le he ganado al tiempo y me muevo despacio. Despertar al alma sería imperdonable, pero hago el suficiente ruido para que sepa que sigo siendo yo. Sólo por hoy en un momento, en un señal en un punto. Sigo siendo yo. Un mono blanco en la nieve
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