Me gustaría ser tan bueno como Serrat para describir todo lo que puede cambiar tan sólo un segundo, tan sólo un acto de la creatividad. Y es que hasta entonces las cosas habían sido buenas. A pesar de todos los problemas viviendo en mi cabeza, el día había traído la oportunidad de verme elegante, la creatividad y el cariño de los amigos, la espontaneidad de las travesuras y la dulzura de un café en la mañana. Había también podido compartir la intensidad de un argumento y las millonarias carcajadas que siempre alimentan el día. Esas son buenas y pequeñas cosas que ayudan a superar la vida difícil. Son esos momentos que alimentan almas desdichadas y que siempre otorgan la esperanza de que la vida vaya mejor, pero hay una diferencia muy clara. En este mundo en que esconderse es tan sencillo como tomar el teléfono y mirar otros mundos construidos afuera de nuestra realidad, esconderse a la mitad del mundo para formar un oasis particular tiene un mérito aparte. Y ella sabe ...
Un espacio público de una vida privada