Te llamaré María por la comodidad de lo común. Porque es en lo común en donde nos podemos perder, en un mundo que parece por un momento ser distinto. Déjame nombrarte así sólo esta noche porque en el acrónimo de tus lentras se encuentra mi sangre hirviendo, tan sólo esperando el instante de correr por cada espacio de mi ser. Déjame llamarte así porque debemos de ser discretos, pero jamás dejar de ser atrevidos. No voy a mentirle a los días que eres mi musa, y que en calor de tus ojos no hace más que llenar la humareda de la pasión mía. Mía no obstante es la desesperación del encuentro, de la palabra atenta y la formal disculpa, del transcurrir del tiempo. Déjame llamarte esta noche María para que puedas seguir siendo lo que eres en mis sueños, estrepitosa noche de horrendas soledades, soledades mías.
He despertado con la misma ansiedad de cada mes. Atrapado en la misma botella. Estoy cubierto, estoy desnudo, no importa. Conozco ahora la rutina sobrevivir a lo que hay afuera, aunque nunca vaya a salir. No hay diferencia o distancia, cuan grande o pequeño sea el camino. Sigo siendo un momento, una señal, un punto. Le he ganado al tiempo y me muevo despacio. Despertar al alma sería imperdonable, pero hago el suficiente ruido para que sepa que sigo siendo yo. Sólo por hoy en un momento, en un señal en un punto. Sigo siendo yo. Un mono blanco en la nieve
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